Quistes Hepáticos, Esplénicos y Ováricos  por Laparoscopía

QUISTES HEPÁTICOS NO PARASITARIOS
Los quistes hepáticos se clasifican en quistes parasitarios (fundamentalmente hidatídicos en nuestro medio) y quistes no parasitarios (congénitos o adquiridos). Los quistes hepáticos congénitos pueden ser únicos ("quistes solitarios"), múltiples, pero en número limitado ("enfermedad multiquística") o distribuirse difusamente en el parénquima hepático ("poliquistosis hepática"), entidad esta última de transmisión autosómica dominante en la mayoría de los casos. En su conjunto, los quistes congénitos son la lesión más frecuente del hígado, siendo la mayoría asintomáticos y no requiriendo tratamiento. En los casos sintomáticos, la clínica se debe al crecimiento de los quistes o a la compresión sobre órganos o estructuras de la vecindad y no suele aparecer hasta la edad adulta, generalmente entre los 40 y 60 años.

En la poliquistosis hepática, cuya prevalencia en autopsias es de 0.13-0.6 %, el número y tamaño de los quistes hepáticos se relaciona con la edad, el sexo femenino, el número de embarazos (sugiriendo influencia hormonal estrogénica) y, si se asocia a poliquistosis renal, con la gravedad de la enfermedad renal. No está aún bien establecido si la poliquistosis hepática y renal constituyen una misma entidad, transmitida por un mismo gen dominante con expresividad variable, o bien son 2 entidades transmitidas por genes distintos, pero fuertemente relacionados. Entre el 1% y 3 % de los pacientes con poliquistosis hepatorrenal presentan además quistes en otros órganos y aproximadamente el 10 % aneurismas cerebrales, lo que confiere un carácter sistémico a la enfermedad.

El líquido quístico habitualmente es amarillento o marrón claro, con una composición parecida a la del suero, por lo que no es irritante para el peritoneo. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son la distensión abdominal con masa palpable, el dolor abdominal, la disnea, la saciedad precoz o la ictericia. La compresión de la vena porta o la obstrucción al flujo de drenaje hepático, puede dar lugar a hipertensión portal con desarrollo de complicaciones como ascitis y hemorragia por varices esofágicas. Las complicaciones intraquísticas (hemorragia, infección) ocurren en menos del 5% de los casos. La infección espontánea de los quistes se produce por vía hematógena, a diferencia de los quistes renales que se infectan por vía ascendente, siendo el germen más frecuente Escherichia coli. La malignización del epitelio de revestimiento es excepcional.
En los casos de poliquistosis hepatorrenal el pronóstico generalmente depende del grado de insuficiencia renal. Además la hipertensión arterial, consecuencia de la enfermedad renal, y la alta asociación a aneurismas cerebrales conllevan un alto riesgo de accidente cerebrovascular.

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
El diagnóstico se realiza habitualmente por ecografía o por tomografía computadorizada (TC), siendo frecuentemente un hallazgo incidental en el curso de estas exploraciones. En la Ecografía los quistes aparecen como lesiones redondeadas u ovaladas, bien delimitadas, anecoicas y con refuerzo posterior. La TC muestra lesiones de densidad agua, sin pared y que no captan contraste. Ambas técnicas proporcionan información detallada sobre el tamaño, número y localización de los quistes, así como sobre la existencia de "quistes dominantes" causantes de la sintomatología. Además permiten estudiar la permeabilidad de la vena porta y del drenaje venoso hepático, determinar la existencia de radicales biliares dilatados y la presencia de quistes en otros órganos, sobre todo en riñón. La Resonancia Magnética posee un alto poder resolutivo, tanto para el diagnóstico como para la detección de complicaciones intraquísticas. En pacientes con ictericia la Colangiografía Retrógrada Endoscópica permite el diagnóstico de compresión o comunicación del quiste con el árbol biliar y/o la exclusión de otras causas.

Las pruebas de función hepática no suelen alterarse, presentando sólo un 10-20% de los pacientes un aumento de los valores de fosfatasa alcalina y gamma GT. Los quistes hepáticos adquiridos pueden ser de origen traumático, inflamatorio o neoplásico. En ocasiones sólo la punción y aspiración de líquido quístico para su análisis permitirá el diagnóstico.
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Dr. Alberto Daccach Plaza
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